Espiado por un asesino al que pagan con dinero público


Pedro Dominguez, espiado por el asesino Emilio Hellín por orden de la alcaldesa de Valverde asistirá a la concentración contra la impunidad del fascismo y la complicidad del estado en homenaje a Yolanda Gonzalez del próximo 13 de abril:

“Voy a Madrid el día 13 sólo con la única intención de honrar la memoria de Yolanda, de sumarme con vosotros a un acto que no es un símbolo de recuerdo –no puede aflorar nada que permanece latente en vuestras vidas desde hace 35 años-, sino un grito de justicia.”

“Sé que vuestro movimiento pide que este individuo no vuelva a trabajar para las administraciones públicas; y en este sentido, yo soy uno de los últimos afectados por sus actuaciones.” 

Nos envía su testimonio:

Lo que el jabón no limpia

Soy Pedro Domínguez. Cuando Emilio Hellín asesinó a Yolanda yo tenía ocho años. Conocí al asesino de Yolanda meses antes que a la propia Yolanda. Fue el pasado 16 de noviembre de 2012. Vino a Valverde del Camino, en Huelva, contratado por la alcaldesa para participar en la realización de un informe pericial dentro de un expediente disciplinario que a día de hoy aún tengo abierto. Vino contratado por el propio ayuntamiento en el que trabajo, y según manifestó después la propia alcaldesa, recomendado por la Guardia Civil. Durante las seis horas que duró la prueba, su trato fue distante, pero cordial.

No estaba solo, con él estuvieron cuatro Policías Judiciales –que popularmente conocemos como secretas, y que en un pequeño pueblo como el mío dejan de serlo a los dos meses-. Unos policías que parecían hipnotizados con la sapiencia de ese personaje. Venimos a aprender, me comentó uno de ellos.

A mediados de enero, con el informe de Hellín ya en mis manos, la incredulidad por sus conclusiones me dejaba a cada línea que leía cada vez más perplejo. No entendía cómo, sin aportar ni una prueba científica, este hombre llegaba a las conclusiones que llegaba. O cómo pasaba de ser el investigador de un disco duro para convertirse en un espía que reconocía en el propio informe que había preguntado en mi ambiente y efectivamente, tenía dos hijas, una de ellas se llamaba Paula y le gustaba cantar habaneras.

Estaba perplejo y absorto, indignado, hasta que el 26 de febrero El País me resolvió todas las incógnitas a golpe de titular. El mismo hombre que firmaba mi informe era el ultraderechista que asesinó a Yolanda. Lo hizo por encargo, y no le tembló el pulso, ¿si no le tembló entonces, cómo le iba a temblar con un simple informe? Emilio Hellín es un hombre de encargos, no lo olvidemos nunca. Ninguno tan macabro como el de Yolanda, pero un hombre de encargos. Que ha amasado miles de euros de las administraciones públicas, por encargo. Y el último encargo se lo hizo un ayuntamiento de derechas para apartar de la función pública a un ciudadano de izquierdas, como soy yo. El asesino Hellín no puede seguir ni un minuto más trabajando para administraciones públicas, sean del color que sean.

Me dio la mano cuando se fue de Valverde, y no pasa un solo día en que no me las frote hasta enrojecerlas. Después de conocer lo que le hizo a Yolanda, no hay jabón que lave mis manos, ni agua que enjuague mi rabia.

Algunas referencias de prensa:

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